La única manera de Conseguirlo



Lectura bíblica: Efesios 5:15–20



Sed llenos del Espíritu. Efesios 5:18


Rubén lloriqueaba en el sillón. Aaaay de mí, se quejaba, no puedo creer que comí tanto.
Una vez más se había tragado una copiosa cena: dos “torres” de pavo, tres montañas de puré de papas, cuatro cucharadas de salsa, cinco pancitos franceses y seis porciones de ensalada. Como broche de oro se había comido un postre de chocolate. Más tarde, cuando su mamá sacó las sobras de la refrigeradora y empezó a preparar sándwiches, él murmuró que nunca más quería volver a comer.
¿Alguna vez te has llenado tanto de comida que no te podías mover?
Dios quiere llenarte de algo aun mejor que una cena como la de Rubén. ¡El Espíritu Santo!
Volvamos a observar cómo nos capacita el Espíritu Santo: nos dota de todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana. ¿Cómo, exactamente, conseguimos tener mucho del Espíritu Santo en nuestra vida?
Primera verdad: Ya tienes en ti al Espíritu Santo. Desde el momento en que confías en Jesús, el Espíritu Santo vive en ti, dándote todo lo que necesitas a fin de vivir para él. Pablo mandó: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). Esto es lo que estaba diciendo Pablo: “Continúa dejándote llenar del Espíritu”. Esto nos indica dos cosas: El Espíritu ya está dentro de ti, pero también puedes permitir que haya más de él en tu vida.
Segunda verdad: Te llenas del Espíritu Santo cuando dejas que el Espíritu Santo te llene una y otra vez. Si quieres servir a Dios día tras día, necesitas ser lleno día tras día. Esto no significa que necesitas que más del Espíritu Santo entre en ti desde afuera. Significa que tienes que dejar que el Espíritu Santo controle más y más de tu vida desde adentro. Puedes poner a trabajar decididamente el poder que Dios ha puesto a tu disposición, confiando en que te capacita para obedecerle y ser su testigo.
Es probable que te cansarías de comer pavo si lo comieras todos los días. Pero el banquete del Espíritu es algo que puedes disfrutar cada día. Dios te ordena ser lleno de su Espíritu, de modo que puedes estar seguro de que te llenará cuando se lo pidas. Es como una refrigeradora que siempre está llena. ¡Y Dios quiere que lo disfrutes todos los días!

Fuente: Devocionales para la Familia

Él puede ser tu guardaespaldas



Lectura bíblica: Salmo 8:1–9



¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes; y el hijo del hombre, para que lo visites? Lo has hecho un poco menor que los ángeles y le has coronado de gloria y de esplendor. Salmo 8:4, 5


El gentío apretujaba a Adriana contra la barricada de soga, pero nadie la iba a sacar de la primera línea. Hacía cinco horas que se había apostado en este lugar, en espera de una limusina con un joven impresionante. Junto con sus padres, los reyes, el joven príncipe pasaría por el pueblo de Adriana.
Adriana había oído que este muchacho era inteligente, cortés y que hablaba cinco idiomas, así que sabía que tenía encantos como nadie. Cuando apareció la limusina y el príncipe saludó, Adriana pensó que poder verlo una vez valía la pena la espera.
A menos que seas de cuna real o hayas llegado a ser un deportista profesional o un cantante de moda, es más que probable que ningún gentío se junta para honrarte, ni te rodean guardaespaldas para protegerte, ni la gente hace arreglos especiales para ti.
Pero, ¿sabes que todos los días de tu vida recibes esa atención especial por parte de Dios? Dios hace exactamente esas tres cosas por nosotros, porque para él somos más importantes que cualquier celebridad:
Nos honra con su atención especial, como lo describe el Salmo 8:4, 5.
Envía sus ángeles para que nos protejan. El Salmo 91:11 dice: “Pues a sus ángeles dará órdenes acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos”.
Está haciendo arreglos especiales para nosotros. Juan 14:2 dice: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.
Dios no nos considera grandes porque seamos tan buenos. Ninguno de nosotros es tan bueno como para merecer ese tipo de atención. Nos llena de honores por lo que Jesucristo hizo por nosotros, muriendo por nuestros pecados y quitando todo lo malo que ofendería a Dios el Padre.
El gran amor de Dios por nosotros no cambia aun cuando actuamos en formas que distan mucho de corresponder a la realeza. Nuestros pecados entristecen a Dios, pero él nos brinda una manera de seguir siendo superestrellas a sus ojos. ¿Recuerdas lo que dice 1 Juan 1:9? “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.
Cuando haces algo que obstruye tu relación con Dios, haz inmediatamente lo necesario para volver a estar bien con él. ¡Vive como el hijo singular que eres!

Líderes con Gracia



Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
Hechos 6.8
Para describir a sus líderes, el pueblo puede referirse a diferentes aspectos de ellos. Pueden hablar de su sentido de responsabilidad y dedicación al ministerio. Quizás escojan hablar más de su inteligencia para resolver dificultades. Otros pueden alabar las virtudes del líder como predicador o maestro. Las cualidades y los elementos que distinguen la vida de los que sirven en la iglesia pueden ser muy variados. No es muy frecuente, sin embargo, escuchar a una congregación decir de su líder: «es una persona llena de gracia».
¿En qué pensaba el autor del libro de los Hechos cuando decía que Esteban era un hombre lleno de gracia? Seguramente estaba citando el testimonio que la iglesia misma había dado de este extraordinario diácono. ¿Y en qué cualidades pensaban ellos cuando decían que Esteban era un hombre lleno de gracia? Unos versículos más adelante, Lucas nos dice que los integrantes del Concilio, «al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel» (6.15).
Quizás esta frase nos ayude a descifrar lo que significa la expresión «lleno de gracia». Parece referirse a algo sobrenatural, algo no producido por los hombres, algo que tiene una cualidad celestial. A decir verdad, es precisamente por esto que se nos hace difícil entender lo que es estar lleno de gracia, porque es un concepto muy alejado de la realidad cotidiana del ser humano. En nuestro entorno prima la ley del esfuerzo. Nadie en este mundo llega a algo si no es por este camino. Y esto lleva implícito tener que competir con otros para dejarlos fuera de la carrera. Solamente los más disciplinados y decididos llegan a conquistar los lugares de mayor poder y prestigio.
La gracia se mueve en otra esfera completamente diferente. El entorno ideal para su manifestación es el de la debilidad, la fragilidad y la inseguridad. Lo vemos más frecuentemente entre aquellos que no inspiran naturalmente por sus cualidades luchadoras. La gracia se hace fuerte en situaciones donde los propios recursos se han agotado. Viene sobre nuestras vidas cuando reconocemos que el camino a recorrer es imposible de conquistar.
Cuando la iglesia describía a Esteban como un hombre lleno de gracia, por lo tanto, estaba describiendo a un líder que ministraba desde su debilidad, no desde sus fuerzas. Era una persona que tenía profunda conciencia de su falta de capacidad para hacer lo que se le había encomendado hacer. Le faltaba eficiencia; carecía de elocuencia; quizás sus fuerzas físicas eran muy escasas. No sabemos con certeza dónde estaban sus debilidades. Lo que sí podemos afirmar es que la iglesia veía en él un hombre absolutamente dependiente de Dios en todo y para todo. En fin, era un hombre ¡lleno de gracia!
Para pensar:
¿Cómo lo describiría a usted la gente de su congregación? ¿Qué cualidades de su persona escogerían para resaltar? ¿Le perciben ellos como alguien que es absolutamente conciente de su falta de aptitud para hacer lo que se le ha mandado hacer? Qué maravilloso sería que pudieran decir de usted y de mí: son personas ¡llenas de gracia!